Vivimos en un circulo en una constante que va cambiando poco a poco para bien o para mal, siguiendo un orden natural y devolviendo la energía que le damos a nuestro universo duplicada en algunos casos, pero siempre pagamos nuestras deuda en este mundo, no importa si eres un ser puro o uno malvado todos siempre son afectados por esto sin preferencias, sin distinción alguna, ni escrúpulos va como un verdugo con su fría hoja recordándonos lo que alguna vez hicimos al prójimo, obsequiándonos nuestro merecido castigo pero entregándonos una nueva oportunidad.
Ella siempre danza llevando el caos, la paz, la calma, el dolor y el amor entre sus dedos como bonitos adornos, los cuales otorga a sus victimas o a los dignos merecedores de dicha recompensa.
Siempre llega sin avisar y golpea en nuestro punto ciego derrumbando nuestro mundo y sepultando nuestra alma entre nuestras propias alegrías que se vuelven tan amargas, que van transformándose en dolor y pena, es como ahogarse en nuestra propia sangre hasta que se rompe la barrera del dolor es allí cuando ella blande su frió filo y atraviesa nuestro ser congelando hasta los cimientos de nuestra alma y arrebatándonos esa cálida y dulce esencia que alguna vez nos perteneció y fue allí en ese preciso instante cuando entendí que había pagado mi deuda.
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